|
||
|
ISSN: 1533-2535 |
Volume 7 No. 2 Fall 2007 |
|
La Conexión Mexicana: Poniendo al descubierto los vínculos de los cárteles de la droga en la región Andina
Marco Velarde
Académico Independiente
Resumen
A mediados de los 90 progresivamente un grupo de cárteles mexicanos empezaron a cubrir el espacio dejado por el narcotráfico colombiano para convertirse hoy en el nuevo grupo dominante en el narcotráfico transnacional no sólo en Norteamérica sino también ahora en Sudamérica y en la región andina, por ser la principal área productora de cocaína en el mundo. Actualmente los cárteles mexicanos en alianza con narcotraficantes locales se han convertido en los principales distribuidores de cocaína, y en menor medida de heroína hacia los Estados Unidos. Como resultado de su creciente poder las organizaciones criminales mexicanas, tales como los Cárteles de Juárez, de Tijuana y del Golfo, han extendido sus áreas de operaciones en la región andina, llegando sus vínculos hasta Colombia, el Perú y Bolivia.
El narcotráfico mexicano desde la última década ha ido penetrando exitosamente en el mercado de producción de narcóticos en el área andina. En el caso de Colombia, los nexos de los cárteles mexicanos incluyen no sólo el rol de principales compradores de cocaína y heroína a los productores locales sino también alianzas con los grupos guerrilleros colombianos. Las operaciones del narcotráfico mexicano en Colombia pueden derivar en un escenario de violencia mayor no previsto en el Plan Colombia.
En el caso del Perú, los nexos existentes con los cárteles colombianos han sido aprovechados también por los cárteles mexicanos. Dichos vínculos empezaron a establecerse a mediados de la década de los 90 durante el régimen de Fujimori. Desde entonces los cárteles de Tijuana y Juárez han venido expandiendo sus operaciones de compra y exportación de coca y también de opio en territorio peruano, principalmente en la zona del Valle del Río Ene-Apurimac y el valle del Monzón. Por lo tanto, hoy el gobierno peruano confronta el problema del aumento de las áreas de producción cocalera y de la mejor organización del movimiento cocalero con apoyo de los cárteles transnacionales de la droga.
El caso boliviano es preocupante debido al incumplimiento en la política de reducción de la superficie de cultivos de hojas de coca. El programa de desarrollo alternativo que fue aceptado inicialmente ahora parece tener más problemas en su implementación. La situación del combate al narcotráfico en Bolivia se ha complicado más con la elección del presidente Evo Morales, anteriormente dirigente indígena de cocaleros bolivianos, y de su alianza política con el presidente venezolano Hugo Chávez.
En suma, observamos que un incremento en las actividades del narcotráfico transnacional, a través de los cárteles mexicanos, está amenazando en diversa medida la seguridad nacional de Colombia, el Perú y Bolivia. Como resultado de ello, en la política de seguridad sub-regional andina con apoyo de los Estados Unidos debe elaborarse una nueva estrategia antidrogas multilateral que pueda enfrentar exitosamente los nuevos niveles de narcotráfico y violencia criminal ejercida por actores transnacionales no-estatales como es el caso de los cárteles mexicanos en la región andina.
Abstract
In the mid-1990s, a group of Mexican cartels gradually began to cover the gaps left by Colombian drug traffickers to become the new dominant group in transnational drug trafficking today, not only in North America but also in South America and the Andean Region, as the principal producer of cocaine in the world. Currently, the Mexican cartels, in an alliance with local drug traffickers, have become the primary distributors of cocaine and, to a lesser extent, heroin to the United States. As the result of the increasing power of these Mexican criminal organizations, such as the Juárez, Tijuana and Gulf Cartels, they have extended their areas of operations into the Andean region, establishing ties in Colombia, Peru and Bolivia.
For the last decade, Mexican drug trafficking has been successfully penetrating into the narcotics production market in the Andean area. In the case of Colombia, the Mexican cartels’ ties includes not only the role principal purchasers of cocaine and heroin from local producers but also alliances with Colombian guerrilla groups. Mexican trafficking operations in Colombia could end up in a scenario of major violence not foreseen in Plan Colombia.
In the case of Peru, existing connections with Colombian cartels have been taken advantage of by the Mexican cartels. These links began to be forged in the mid-1990s during the Fujimori regime. Since then, the Tijuana and Juárez cartels have been expanding their operations in purchasing and exporting both coca and opium in and from Peruvian territory, primarily in the Ene-Apurimac River Valley area and the Monzón Valley. As a result, the Peruvian government currently faces the problem of an increase in coca growing and improved organization of the coca growers’ movement, with support from transnational drug cartels.
The Bolivian case is particularly troublesome due to the ineffectiveness of the policy of reducing the area of cocoa leaf cultivation. The alternative development program, initially accepted, today appears to be having more problems in its implementation. The situation regarding the fight against drug trafficking in Bolivia has been additionally complicated by the election of Evo Morales, formerly the indigenous leader of Bolivian coca growers, and his political alliance with Venezuelan President Hugo Chávez.
In short, we note that an increase in transnational drug trafficking activity, through the Mexican cartels, is threatening, to varying degrees, the national security of Colombia, Peru and Bolivia. As a result of this, in Andean subregional security policy, with the support of the United States, a new multilateral antidrug strategy must be formulated that can successfully confront the new levels of drug trafficking and criminal violence practiced by stateless transnational players, such as the Mexican cartels in the Andean region.
Sumário
Em meados dos anos 90, um grupo de cartéis começou, progressivamente, a cobrir o espaço deixado pelo narcotráfico colombiano para se converter no que é hoje o novo grupo dominante do narcotráfico transnacional, não só na América do Norte, mas também na América do Sul e na região andina, por ser a principal área produtora de cocaína do mundo. Atualmente, os cartéis mexicanos, aliados aos narcotraficantes locais converteram-se nos principais distribuidores de cocaína e, em menor escala, de heroína para os Estados Unidos. Como resultado de seu poder crescente, as organizações criminais mexicanas, tais como os Cartéis de Juárez, de Tijuana e do Golfo, estenderam suas áreas de operação à região andina, sendo que seus vínculos chegaram até a Colômbia, o Peru e a Bolívia.
O narcotráfico mexicano, desde a última década, vem penetrando com êxito no mercado de produção de narcóticos na região andina. No caso da Colômbia, os laços dos cartéis mexicanos incluem não só a lista dos principais compradores de cocaína e heroína dos produtores locais, mas também alianças com os grupos guerrilheiros colombianos. As operações do narcotráfico mexicano na Colômbia podem gerar um cenário de violência maior não previsto no Plano Colômbia.
No caso do Peru, as ligações existentes com os cartéis colombianos foram aproveitadas também pelos cartéis mexicanos. Esses vínculos começaram a se estabelecer em meados da década de 90, durante o regime de Fujimori. Desde então, os cartéis de Tijuana e Juárez vêm expandindo suas operações de compra e exportação de coca e também de ópio em território peruano, principalmente na região do vale do Rio Ene-Apurimac e no vale de Monzón. Portanto, hoje, o governo peruano enfrenta o de aumento da produção de cocaína e da melhor organização do movimento da coca, com apoio dos cartéis transnacionais da droga.
O caso boliviano é preocupante devido ao descumprimento da política de redução da superfície de cultivos de folhas de coca. O programa de desenvolvimento alternativo que foi aceito inicialmente agora parece ter mais problemas em sua implementação. A situação do combate ao narcotráfico na Bolívia complicou-se mais com a eleição do presidente Evo Morales, anteriormente dirigente indígena de "cocaleros" bolivianos, e de sua aliança política com o presidente venezuelano Hugo Chávez.
Em resumo, observamos que o aumento das atividades do narcotráfico transnacional, através dos cartéis mexicanos, está ameaçando em vários graus a segurança nacional de Colômbia, Peru e Bolívia. e Como resultado, na política de segurança sub-regional andina, com apoio dos Estados Unidos, deve-se elaborar uma nova estratégia antidrogas multilateral, que possa enfrentar com sucesso os novos níveis de narcotráfico e violência criminal exercida por atores transnacionais não-estatais, como é o caso dos cartéis mexicanos na região andina.
[ Back ]