¿Crisis? ¿Cual Crisis?
Temas de Seguridad en
Colombia
Las Fuerzas Armadas Colombianas y la Seguridad Nacional
por
Coronel William C. Spracher
Agradezco la oportunidad de presentar lo que creo ser un aspecto de enorme importancia para el futuro de Colombia. Mi presentación será de la perspectiva de Bogotá, pero desde un punto de vista decididamente estadounidense y reconocidamente a través del prisma que hemos desarrollado los estadounidenses que hemos vivido y trabajado en Colombia. Todos los que estamos en este seminario compartimos una preocupación mutua sobre el futuro de Colombia, no solamente la estabilidad del país mismo, sino también la estabilidad de sus vecinos inmediatos y la región completa y todos compartimos la meta común de asegurar la permanencia de la democracia colombiana. ¿Qué papel desempeña el ejército en todo esto? No hay una amenaza externa real a Colombia de la cual se pueda hablar, aunque algunos de mis colegas militares lo niegan. Colombia tiene un conflicto interno, el cual involucra a innumerables enemigos y a diversas amenazas, incluyendo a los insurgentes, narcotraficantes, paramilitares y la violencia criminal de tipo general -- que prácticamente afecta a toda la región. Actualmente soy el agregado militar estadounidense en Bogotá y en ese papel represento principalmente al Departamento de Defensa de los Estados Unidos. La pregunta que propongo discutir hoy es, entonces, ¿por qué debería mi departamento preocuparse por lo que sucede en Colombia?
Relaciones bilaterales militares
El Ejército de los Estados Unidos ha tenido relaciones extremadamente estrechas con las fuerzas armadas y policiales colombianas y por lo tanto tiene interés en sus éxitos. También se da cuenta que los intereses de seguridad nacional de los Estados Unidos están correlacionados en gran medida con los intereses de seguridad nacional de Colombia. De lo contrario, no hubiera presencia estadounidense en Colombia, presencia que representa, creo, la embajada más grande en Colombia. Hay instancias en las cuales esta presencia no es bienvenida y hay instancias en las cuales causa resentimiento, que es una situación bien entendida en Washington. La razón por tal presencia es que el gobierno estadounidense quiere asistir a Colombia, principalmente ayudando a los colombianos a ayudarse a sí mismos, para que la presencia estadounidense no se interprete como intervención en los asuntos internos de Colombia.
Falta de apoyo nacional
He vivido y trabajado en Colombia por casi tres años, siendo testigo de un período en el cual las fuerzas armadas de Colombia han sufrido una serie de pérdidas en el campo de batalla contra los guerrilleros, comenzando aproximadamente en abril de 1.996 con la emboscada a un convoy militar en el Departamento de Nariño. Desde entonces, hemos tenido una serie de situaciones que nos han llevado a muchas críticas de parte del ejército colombiano. Lo que espero hacer aquí hoy es poner en perspectiva lo que considero ser los puntos buenos o fortalezas del ejército colombiano y los puntos débiles o vulnerabilidades. Espero también proporcionar una idea de lo que se puede hacer para corregir la situación. Durante estos dos años dolorosos, ha sido aparente que el ejército colombiano no solamente necesita más recursos, no solamente necesita mayor movilidad para llegar a los diversos puntos de amenaza en el campo de batalla, sino también necesita mayor apoyo financiero y moral de su propio gobierno. Aun así, nada de esto producirá éxito a largo plazo si no hay un compromiso arraigado del liderazgo político para resolver el conflicto y demostrar lo que casi se ha convertido en una expresión gastada: la voluntad política. Esa voluntad política de toda la sociedad colombiana se requiere para que las fuerzas armadas puedan ganar definitivamente este complejo y multifacético conflicto.
Para lograr éxito en este conflicto y lo mencionamos anteriormente en este seminario, debe desarrollarse una estrategia nacional que involucra todos los instrumentos del poder. Cuando asistí al Colegio Interamericano de Derensa hace algunos años, pasamos mucho tiempo hablando sobre los diversos instrumentos de poder. Lo que Colombia necesita no es solamente el instrumento militar, que en algunos casos está siendo utilizado efectivamente, en otros casos no tan efectivamente, sino toda la panoplia de instrumentos. Los instrumentos políticos, económicos, sicosociales y diplomáticos deben ser reunidos y dedicados a ponerle fin a este conflicto.
En mi opinión personal, el dolor de esta guerra no ha sido sentido lo suficientemente por las elites de Bogotá o de las demás áreas urbanas principales. Las oligarquías ricas y poderosas no han sido afectadas lo suficiente por la violencia e intimidación, las cuales son más generalizadas en las áreas rurales, para impulsarlos a buscar un cambio radical del status quo. El Dr. Pizarro utilizó el término "abandono" en su presentación de ayer: muchos de los sectores de la vida pública colombiana han abandonado su papel o su interés en este conflicto. De manera similar, el Dr. Maingot usó el término "desasociado." Algunos colombianos se sienten desasociados de lo que ocurre en las áreas rurales. Me parece que muchos colombianos estan insensibilizados a la violencia endémica. Tras cuarenta a cincuenta años de eventos violentos que ocurren a diario, es casi como si se hubieran acostumbrado a ello, o peor, hasta complacientes en aceptar su destino y no desearan correr el riesgo militar o político necesario para detener las tendencias que van empeorando. Por supuesto, las fuerzas armadas llevan la pesada carga de resolver estos problemas. Algunos se atreverían a decir que llevan más de su porción de la carga, trabajando para un gobierno que no comparte ese nivel de compromiso.
Fortalezas militares colombianas
En analizar esta situación, es importante identificar primero a las fuerzas de la institución castrense colombiana. Hace años estudié las teorías sobre el profesionalismo militar de Samuel Huntington, y tambión las teorías sobre las relaciones cívico-militares de Morris Janowitz y a otros considerados pensadores radicales en tales temas. Veo que los componentes de la fuerza militar profesional colombiana son muy maduros y desarrollados. ¿De qué hablo aquí? Por un lado, el ejército de Colombia tiene una estructura definida, una jerarquía bien definida y una cadena de mando creíble. No es ni siquiera un poco misterioso u oscuro quién está a cargo del ejército de Colombia y cómo se supone que trabaje esa organización militar. También hay un sentido de carácter corporativo: hay cierto orgullo en ser miembro del ejército de Colombia. Soy testigo de esto; siento esto cada día cuando trato con mis compañeros colombianos. Hay también un sistema de educación militar y entrenamiento bastante desarrollado. Desgraciadamente, diría que esta más desarrollado en el salón de guarnición que en el campo, basado en el tipo de escuelas estándar a las cuales asisten los oficiales y suboficiales, sin duda en parte por el tenor y la naturaleza del conflicto del mundo real al que hacen frente. No he visto tanto entrenamiento de unidades realizándose en el campo como el que esperaría ver dadas las circunstancias o lo que necesitan en realidad los militares colombianos. Otro aspecto del profesionalismo y un valor que es un requisito básico es que existe dentro del ejército colombiano una base ética profunda, un sentido palpable del honor y el deber.
Un factor final que se escucha frecuentemente es que el gobierno tiene una tradición democrática, siendo la más larga y más fuerte de la región, y que las fuerzas armadas son en términos generales apolíticas. Oficiales militares evitan interferir en la política doméstica interna en un grado que no he experimentado en otros países latinoamericanos. Creo que esto es admirable porque he trabajado en algunos países donde siempre parecemos estar esperando un golpe de estado, es decir, quién le hará qué a quién, qué camarillas se formarán alrededor de cuál general, luchas internas por el poder y otras cosas por el estilo. Felizmente, eso no es algo que haya observado de cerca en Colombia, porque creo que las posibilidades de un golpe de estado en Bogotá son extremadamente remotas.
Veo como positivo otra tendencia del ejército colombiano el hecho de que sus miembros hayan logrado sobrevivir dos años de decertificación del gobierno de los Estados Unidos. No entraré a la discusión sobre los méritos del proceso de certificación, pero me preocupó mucho cuando bajó la primera decisión negativa en marzo de 1.996 que esta pudiera destruir por completo las relaciones entre nuestros ejércitos, pero ahora me alegra decir que hemos dejado atrás esa tormenta. Veo que nuestras relaciones bilaterales, por lo menos, las intermilitares, no han sufrido demasiado como resultado de esta acción, mayormente política. Por supuesto, ha habido una brecha en algunos de los programas americanos claves de asistencia a la seguridad Equipo y Entrenamiento Militar Internacional (IMET), IMET Expandido, Ventas Militares al Exterior (FMS), Equipos de Entrenamiento Militar (MTT) y otros ejemplos de esa sopa de letras en la que no profundizaré aquí. Algunos estudiantes que conozco esperaban asistir a ciertas escuelas militares de los Estados Unidos, pero debido a la decertificación, no pudieron alcanzar esas metas. Ahora el proceso de asistencia se ha abierto de nuevo, sin embargo, espero que podamos continuar nuestra vieja tradición de tener un gran número de miembros del ejército y la policía de Colombia entrenándose en los Estados Unidos.
Las relaciones regionales de Colombia están relativamente fuertes. Los colombianos están trabajando estrechamente con sus vecinos, dándose cuenta de que muchas de estas amenazas que los ocupan son globales o regionales en naturaleza y no pueden ser resueltas mediante acción unilateral. Colombia también tiene un récord muy largo de coordinación y cooperación internacional en varias coaliciones aliadas. Algunos de mis mejores amigos en Colombia son veteranos de la Guerra de Corea. Están muy orgullosos del hecho de que han servido con las Naciones Unidas durante ese conflicto como el único país de América Latina que participó. De hecho, hasta hoy, Colombia aún mantiene una presencia simbólica en el Mando de las Naciones Unidas de Corea.
El ejército de Colombia participa en la Fuerza Multinacional de Observadores en el Sinaí con el despliegue de un batallón de infantería. Muchos de los soldados colombianos que he conocido han servido en esta capacidad de pacificación vital, pero independiente de la ONU en el Oriente Medio. Más aún, Colombia es un dinámico participante de la Conferencia de Ejércitos Americanos y sus organizaciones contrapartes en la Fuerza Aérea y en la Armada. Algunos que están aquí hoy sirven en el Consejo Interamericano de Defensa. Colombia tiene un gran número de estudiantes en el Colegio Interamericano de Defensa. Esto representa una tendencia muy positiva.
También en el ámbito internacional, Colombia es el anfitrión designado para la tercera Ministerial de Defensa de las Américas, la cual se celebrará en Cartagena a fines de 1.998. El Embajador de Colombia aquí en Washington, Juan Carlos Esguerra, cuando era Ministro de Defensa, ofreció que su país fuera anfitrión, durante la Segunda Reunión Ministerial de Defensa en Bariloche, Argentina, en 1.996. Mi oficina ha trabajado estrechamente con el Secretario General del Ministerio de Defensa y hemos ofrecido cualquier ayuda que fuera necesaria para garantizar que la conferencia ministerial sea un tremendo éxito.
Otro fuerte que Colombia posee sin duda, y probablemente una razón por la cual haya podido sobrevivir tantos años de conflicto, es la economía históricamente fuerte y diversa de este país y su riqueza en recursos naturales. Muchos otros países menos ricos y menos diversos que Colombia probablemente nunca habrían sobrevivido tantas décadas de agitación interna. Es verdaderamente una vergüenza que la vibrante economía de este país, por razones de seguridad, no pueda contar con el turismo extranjero para contribuir a su recuperación económica.
Una fortaleza más es el hecho de que, aunque falta una estrategia nacional para emprender el trabajo, las fuerzas militares de Colombia han producido su propia estrategia militar, publicada a fines de 1.997. Este documento, escrito bajo la dirección del General Manuel Bonett Locarno, incluye los componentes importantes de la guerra de contrainsurgencia y el esfuerzo anti-narcotráfico. Habla sobre el combate a los paramilitares con la misma agresividad que lo que se usa contra otros "generadores de violencia." Discute las relaciones cívico-militares y habla mucho sobre el respeto por los derechos humanos. El récord de derechos humanos del ejército colombiano, que ha recibido severas críticas en los últimos años, está mejorando rápidamente. Como se refleja en el último informe anual del Departamento de Estado de los Estados Unidos sobre los derechos humanos, creo que menos de siete por ciento del número total de los abusos a los derechos humanos identificados durante 1.997 se atribuyeron a las fuerzas de seguridad. Mientras tanto, esas violaciones perpetradas por los guerrilleros y especialmente por los paramilitares fueron la causa de la disminución abrupta de las fuerzas gubernamentales.
Finalmente, un suceso positivo fue el derribamiento de un avión narco a comienzos de 1.998. Esto es algo que los EE.UU. han exhortado por mucho tiempo. Sabíamos que el gobierno tenía una política de derribamiento, pero ahora que realmente se ha derribado un avión, es más que simplemente una política. Es una acción demostrable, creíble y que esperamos disuadirá a los narcotraficantes, o por lo menos les enviará una señal fuerte que este tipo de conducta ilícita no quedará sin castigo.
Debilidades militares colombianas
Permítanme ahora analizar brevemente algunas debilidades colombianas. Las he discutido con mis amigos colombianos y no creo que sorprenderá u ofenderá a nadie oír lo que tengo que decir, mucho de lo cual es del dominio público. La deficiencia más seria que enfrenta Colombia es la falta de una estrategia nacional escrita por el gobierno civil para emprender el trabajo y con ella el compromiso de toda la sociedad para resolver el conflicto. Sin el compromiso del gobierno nacional y el suministro de recursos apropiados a las fuerzas armadas y a la policía, la estrategia militar del General Bonett no es nada más que una declaración de principio, una guía general para la acción, o una expresión de intención. Sin la estrategia total es imposible que el ejército desarrolle una doctrina completa y traduzca esa doctrina en un plan de campaña táctico.
Hay que considerar la falta de apoyo presupuestario, tan frecuentemente mencionado. No entraré en detalles aquí; todos tienen acceso a las estadísticas. La proporción del presupuesto nacional dedicada al ejército para un país que está en plena guerra es dolorosamente deficiente. De vez en cuando es reducida aún más a mitad de año, lo que hace muy difícil que los planificadores del Ministerio de Defensa traten de planear como trabajar con los recursos disponibles. Como resultado, las unidades militares están esparcidas sin suficiente fuerza numérica. Me preocupa que, con la presión de un despliegue en todas las partes remotas del país, lo que sucede es que un batallón se envía aquí, una compañía se envía allá, se iza la bandera sobre un cuartel general esquelético y así Colombia tiene una presencia militar simbólica. ¿Pero qué logra esto? En algunos casos no hace mas que estimular el apetito de los guerrilleros, quienes ven estos pequeños y aislados puestos avanzados como blancos fáciles. Creo que las fuerzas militares necesitan ser aumentadas, pero esto debe hacerse en forma amplia y racional, no simplemente una brigada extra aquí, una más allá, lo que no necesariamente cambiará el balance de las fuerzas y de algunas formas podría terminar siendo contraproducente.
El sistema de reclutamiento es otro problema. Hay una alta proporción de reclutas en el ejército colombiano mal preparados para servir en las áreas conflictivas a las cuales fueron asignados y en gran parte, meramente tratando de sobrevivir su reclutamiento para regresar vivos a casa. En algunos casos, el servicio militar se entiende como algo para evitarse, no un deber patriótico. He hablado sobre el hecho de que hay una falta de entrenamiento en el campo al nivel de unidad. Mucho del entrenamiento termina siendo lo que en nuestro ejército llamamos OTJ, entrenamiento sobre la marcha. Como resultado, no hay ni tiempo ni recursos para que los que han recibido entrenamiento en las escuelas de los Estados Unidos u otros países compartan sus experiencias o transmitan sus nuevas habilidades a sus colegas.
También hay una falta de continuidad de liderazgo en las fuerzas militares, auque esto en parte se debe a la estructura del poder político colombiano. En el tiempo en que he estado en Colombia hemos tenido cuatro Ministros de Defensa, tres Ministros de Relaciones Exteriores, cuatro Comandantes de las Fuerzas Militares, tres Comandantes del Ejército, tres Directores Conjuntos de Inteligencia y seis Directores de Inteligencia del Ejército. Odio admitirlo, pero en algunos de los demás ministerios del gabinete es aún peor. Este síndrome de puerta giratoria hace muy difícil que cualquiera haga o implemente planes a largo plazo para su ministerio particular. Es más, con la toma de posesión del nuevo presidente en agosto de 1.998, podemos esperar otra reorganización del alto mando.
Otro obstáculo con el que estamos viviendo es la dificultad de eliminar las acusaciones de confabulación del ejército con elementos paramilitares. Creo que estamos progresando en este tema, pero mientras ese problema afecte al ejército colombiano, hará difícil movilizar el apoyo dentro del gobierno y la comunidad de organizaciones no gubernamentales (ONG) y ciertos aliados claves. Aún más, demasiadas tropas están destacadas a cuidar la infraestructura estática, proporcionar apoyo de seguridad a corporaciones multinacionales y a proteger el sector económico. Muchos están atados este año ena proporcionar seguridad durante las elecciones, lo cual, por supuesto, es muy importante. El "Plan Democracia" es lo que debería hacer el ejército, pero también es muy oneroso. La última cifra de la que tuve conocimiento es que alrededor de treinta por ciento de las fuerzas militares desplegadas están atadas a algún tipo de misión de seguridad estática.
Ya hemos hablado sobre las debilidades de movilidad, inteligencia y comunicaciones. Otra debilidad, aunque se está mejorando la situación, es la mentalidad pueblerina que existe entre ciertos elementos del ejército y ciertos segmentos de la Policía Nacional. Hay ciertos celos profesionales y una fuerte dosis de competencia. Cierto grado de competencia puede ser creativo y útil, pero también se puede llevar a extremos. Esta mentalidad pueblerina alimenta la desconfianza, la duplicación del esfuerzo y a veces las estructuras logísticas redundantes, para no mencionar un rechazo a abrazar completamente el concepto de la fuerza conjunta. En los Estados Unidos trabajamos muy fuerte para convencer a nuestros colegas colombianos a hacer las cosas de forma más conjunta. El establecimiento del grupo de fuerza conjunto en Tres Esquinas es una señal positiva. Visité el lugar este mes con el Comandante en Jefe del Comando Sur estadounidense General Charles E. Wilhelm, quien quedó con la impresion que esto podría servir de modelo en el futuro para el tipo de operaciones conjuntas y combinadas que puedan tener éxito en Colombia.
Recomendaciones
El gobierno de los Estados Unidos quiere ayudar. Hay ciertas cosas que podemos hacer y ciertas cosas que no podemos hacer, ya sea por razones políticas o económicas. Tal vez podamos entrar en más detalles durante la mesa redonda al final de este seminario. Permítanme presentar algunos puntos breves para resumir lo que debe hacer primero el ejército colombiano para ayudarse a sí mismo.
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