¿Crisis? ¿Cual Crisis?
           Temas de Seguridad en Colombia

Presentación principal: La perspectiva histórica

por

Malcolm Douglas Deas

Me han pedido que hable sobre la perspectiva histórica de la situación colombiana, pero también me han asegurado que no tengo que prestarle demasiada atención a eso, como ya se ha hablado del tema. Así pues, no voy a cubrir terreno viejo.

Cuando primero visité Colombia hace casi treinta años, había mucha preocupación estadounidense y muy pocas guerrillas bajo liderazgo Marxista. Reflexionando en lo que ha cambiado desde entonces, me doy cuenta que actualmente hay un gran número de guerrillas bajo liderazgo Marxista y poca preocupación estadounidense, por lo menos hasta el día de hoy.

Desde entonces el escenario ha cambiado. Cuando pensé en obedecer más estrechamente las instrucciones en la invitación a este seminario, repasé todos los cambios en el énfasis de la preocupación sobre el orden público en Colombia, en la visibilidad y geografía, en las estadísticas y en las estrategias durante los últimos treinta años. ¡Cómo cambian las cosas! Todavía me interesa el país y todavía se me dificulta decidírme que pensar de ella. Colombia es un país difícil. Créo que es demasiado difícil para periodistas, ó más cortésmente, para el periodismo, al nivel que generalmetne se le presta atención, en el poco espacio que se le da.

Yo concurro con varias cosas que ya se han dicho durante este seminario. No es todavía Vietnam y no es igual a los Balcanes tampoco. Y también no es una situación obvia de escalada guerrillera. Cuando uno se fija en los números, se encuentran algunos indicadores que aumentan con regularidad sospechosa. El número de guerrillas y frentes sube casi como si alguien en el Banco de la República las estuviera ajustando a la tasa anual de inflación. El número de municipalidades con presencia guerrillera se aumenta también. Pero la intensidad del combate y el número de muertes en los enfrentamientos con las guerrillas no sube a la misma velocidad, o con la misma regularidad. Esto no necesariamente me alienta, porque las guerrillas han aprendido a incrementar su influencia sin mucha confrontación.

Hace varios meses en la reunión en Houston,111 me pidieron caracterizar la naturaleza de la violencia guerrillera en Colombia. Intentaré repetir rapidamente lo que presenté entonces.

Primero, las guerrillas son muy duraderas y persistentes. Cuando busco paralelos a los problemas colombianos en otras partes del mundo, lo que me viene a la mente es Italia durante el siglo pasado: otro estado liberal con instituciones inadecuadas que sufrió por décadas de graves problemas de orden interno. En ese entonces Italia tenía el récord internacional de secuestros.

Segundo, las características de las guerrillas son tanto muy colombianas como no colombianas. Hay una paradoja aquí: el conflicto es colombiano en su autonomía, que es algo que ya dijimos; no es un conflicto sujeto a mucha influencia tangible del exterior. Y al mismo tiempo es un poco menos colombiano que algunos comentaristas asumen, en que ha sido influenciado por, para hacer corta la lista, Cuba, Mao, Moscú, Nicaragua, El Salvador, Perú un poco y hasta Albania: el Ejército Popular de Liberación (EPL) nombró uno de sus frentes en honor a Enver Hoxha, que no es una figura familiar en Colombia.

Tercero, en términos de proyecciones políticas en el ámbito nacional, las guerrillas colombianas me parecen haber sido muy débiles. No han producido un líder de gran reputación al nivel nacional y su discurso es débil y contradictorio. No gozan de apoyo popular. Las guerrillas no son tampoco a mi juicio muy agrarias. En general, créo que su motivación ideológica es muy baja. Hay una gran capacidad de daño y ruido, pero hay mucho menos capacidad de traducir su griterío en apoyo político sólido.

Tienen una capacidad bien desarrollada para reproducción vegetal, que ya hemos mencionado y buena capacidad de organización, pero estos logros organizacionales en parte significan que no necesitan apoyo popular.

Tienen un camuflaje social profundo. No son muy visibles. No todos están de campaña, subiendo y bajando montañas vestidos de uniforme.

A veces el liderazgo está sumamente interactivo y abierto al extranjero. En el ámbito de la vida nacional, el gobierno colombiano no tiene ningún monopolio de comunicación, aparte de su falta obvia de monopolio de violencia. El liderazgo guerrillero puede comunicarse con la población general con una facilidad extraordinaria.

Pero es probablemente a la misma vez muy vulnerable en tiempos de tregua y procesos de paz. Esos procesos son notoriamente difíciles para que cualquier grupo de guerrillas los maneje y no es muy probable que las guerrillas colombianas sean una excepción. Ellos producen muchas tensiones internas potencialmente letales, aparte del gran problema de la falta de garantías externas para su seguridad. El mantenimiento de autoridad coherente interna de las filas guerrilleras se logra fácilmente por el continuo combate armado y uno debe recordar que las guerrillas son organizaciones autoritarias por su carácter esencial.

Despues de esta corta y necesariamente limitada caracterización de las guerrillas, me gustaría despues presentar algunas ideas que son, he encontrado, difíciles de enfrentar. No siempre es fácil aceptar que las cosas son como son, especialmente cuando la realidad tiene, como creo es el caso en esta situación, mucha ambivalencia inherente. Las siguientes propuestas las presento para fomentar la discusión y pienso que tienen ciertas implicaciones políticas.

Primera propuesta. La democracia colombiana tiene muchos defectos, algunos de los cuales, como la corrupción, hemos mencionado durante las discusiones; pero hay todavía mucha capacidad para cambio, y hay todavía mucho para defender y apoyar. Esta es mi primera propuesta, y mi punto de partida.

Segunda propuesta. Las guerrillas colombianas tienen proyectos políticos, pero al mismo tiempo son quasi-criminales. Y los proyectos políticos son, creo, inalcanzables, ciertamente en su expresión máxima.

Tercera propuesta, en la misma línea de tosquedad: algunos en las fuerzas armadas y las fuerzas de orden pública colombianas han sido culpables de cometer violaciones a los derechos humanos. Pero si la situación actual de la deterioro de derechos humanos se puede mejorar, no hay ninguna alternativa a fortalecer a las fuerzas armadas y a la policía.

Aqui voy a insertar un paréntesis porque hemos tenido mcuha discusión esta mañana sobre la reforma militar. Tengo mis dudas sobre una reforma al por mayor de las fuerzas armadas, por varias razones. Una razón que ya se ha mencionado; no es todavía claro quien va a implementar la reforma, o quien tiene la especialización requerida. Hay en Colombia muy poca capacidad civil para analizar problemas militares y los civiles no tienen suficiente paciencia para escuchar a los militares. Yo diría de otra manera la recomendación para reformar a las fuerzas armadas. Creo que ha sido la primera prioridad del nuevo gobierno llevar a cabo un replanteamiento general de las relaciones cívico-militares y trabajar hacia metas y estrategias coordinadas. Es imposible juzgar o planear la eficiencia si no existen metas y estrategias coordinadas y como consecuencia las quejas continuas sobre la ineficiencia de las fuerzas armadas son, permítanos decir, sin base.

Una cuarta propuesta. La corrupción colombiana es muy lejos de ser total. No estoy de acuerdo con el mucho mencionado estudio que plantea a Colombia como el tercer país más corrupto del mundo. Yo creo que eso es absurdo. En algunas de las formas que toma en Colombia, la corrupción está en su forma más virulenta y amenazante, pero la corrupción no es universal. Escándalos al nivel ministerial son escasos.

Voy a continuar estas propuestas con una de índole distinta; que hay una obligación de la parte de los críticos del gobierno colombiano y de las fuerzas armadas, un deber de presentar claramene sus opciones políticas. Repito que no veo salida de la situación corriente sin fortalecer substancialmente las fuerzas de ley y orden, definidas generalmente como el ejército, la policía y la procuraduría. Por una variedad de razones, no veo salida basada en pactos de paz en el futuro cercano. Por la falta, si me lo permiten, de la clase de correlación de fuerzas que produce acuerdos que valen la pena por la falta de claridad de proyectos entre los protagonistas y claridad sobre su fuerza objetiva, debilidad, o legitimidad – en nada ayudado por los reportajes de la situación en la prensa internacional, incluyendo unos reportajes estadounidenses recientes. Existe tambien el problema de la ventabilidad de los acuerdos, similar al problema que ha enfrentado el gobierno británico en Irlanda del norte. Los acuerdos alcanzados deben ser de una clase que puedan disfrutar del apoyo de una gran mayoría de la población. De otra manera, pueden hasta incrementar la violencia.

Quiero repetir lo que dije sobre la falta de claridad en los proyectos y algunos de los protagonistas. Recientemente leí las demandas y propuestas de todos los protagonistas convenientemente reunidos en un suplemento con título "La paz sobre la mesa" de la revista semanal Cambio16.112 Hay mucho que parece ser razonable en ésas páginas, lo cual deja la sospecha que la guerra tiene fines que no están incluidos en la lista. Tambien creo que hay una correlación entre la indeterminación e imprecisión de las demandas y su falta de negociabilidad. No se pueden negociar tales cosas como la igualdad, y no se puede negociar la justicia social. No es posible. Entre más se presenta este tipo de lenguaje, más se reduce la posibilidad que se lleven a cabo negociaciones verdaderas. Otros presentadores van a hablar más sobre el tema de la paz, asi pues no diré más sobre el tema.

Quisiera continuar hablando sobre lo que pienso como espectador en cuanto al tema de la presentación de esta mañana por el señor Wolfe, sobre cámo Washington interpreta el tema, que me pareció muy claro y útil. Estoy un poco aprehensivo sobre la política estadounidense y sobre los aspectos internacionales de la situación colombiana.

Me preocupa que habrá un nuevo ciclo de certificación y decertificación pública en Colombia sobre los derechos humanos. Hemos visto cuatro años de certificación y decertificación sobre las mismas bases tradicionales. Espero expresarme con mucho cuidado. Cuando hace varios años me presenté en Washington para tratar el tema de Colombia, me acuerdo, no conociendo la cultura en esta ciudad, como me sorprendió cuando alguien en el público inició su intervención diciendo "nosotros de la comunidad de derechos humanos …" obviamente excluyéndome de tal comunidad. Se me ocurrió que yo no soy un torturador, luego ¿no estoy yo a favor de los derechos humanos básicos?

Ahora, desde el punto de vista de la realidad, Colombia es un estado que por una serie de razones está diplomaticamente indefenso; no es muy estratégico, y temo que los Estados Unidos a veces, al parecer de los ojos europeos, usa a Colombia como un tipo de campo de juego diplomático, hacia el cual y donde atitudes morales pueden ser usados sin costo. Me preocupan las consecuencias de tal política de certificación y decertificación, por ser distintas a otras políticas mediante las cuales los Estados Unidos puede ejercer sus preocupaciones sobre los derechos humanos. El uso público, si me lo permiten, del ‘juicio por visa’ puede tener consecuencias negativas para los derechos humanos y puede empeorar la situación. Aunque esta política puede comprobar la inocencia de algunos actores, puede hacerse más difícil aceptar una situación en la cual el nivel de los abusos a los derechos humanos es muy elevado y en la cual, hay que admitirlo, es muy dificil suprimir la situación.

Mencioné que como historiador trato de buscar conflictos similares en otras partes del mundo. Leí recientemente un libro sobre el ejército Irlandés Republicano (IRA) y los conflictos en County Cork entre los años 1.916 y 1.923, donde el ejército británico y luego el Estado Libre Irlandés lucharon en una guerra sucia con muchas semejanzas a la situación colombiana.113 Uno se da cuenta en los archivos lo imposible que fue "higienizar" el conflicto. Si el gobierno británico, que era inmensamente más poderoso en tales circunstancias que el colombiano y el ejército británico, una fuerza altamente disciplinada y profesional, no podía limpiar la situación, hay obviamente limitaciones prácticas al grado que el gobierno colombiano puede evitar y prevenir el tipo de cosas que todos queremos evitar y prevenir, y no creo que es una política realista pueda formularse sin tomar esto en cuenta. Esto es algo que debe destacarse en la agenda.

Debemos preguntarnos qué es lo que reduce o incrementa los abusos a los derechos humanos. Consideremos el problema paramilitar. ¿Qué es lo que disminuye al paramilitarismo? ¿Qué tipo de acción debe tomar un gobierno en su contra? Este es un problema que está muy actual en la agenda, un síntoma serio para Colombia en su política doméstica y en sus relaciones internacionales. El paramilitarismo tiene que ser enfrentado directamente en los campos de batalla. Creo que una fuerza armada eficiente y con confianza es más probable de manejar adecuadamente sus tareas necesarias, que un ejército desmoralizado que padece de un complejo de aislamiento. Este último puede bien poner en práctica como en el proverbio inglés, ‘más vale ser ahorcado por oveja que por cordero.’

Me parece que Colombia enfrenta la necesidad de hacer muchos cambios de política interna en el ámbito de seguridad. Muchos de estos faltan mencionarse en el debate público, pero me parecen ser posibles. La situación es grave y el país ha sufrido por cuatro años de una crisis política agotadora que ha tenido obvias y graves consecuencias y altos costos. Al mismo tiempo, muchos cambios necesarios en la política de seguridad y defensa han sido comenzado, y se han visto varios cambios positivos que todavía tienen que rendir todos sus resultados.

Algunos de estos cambios han sido hasta hoy desalentadoras. El cambio de un ministro de defensa militar a uno civil no ha sido de mucho éxito, como ya se ha mencionado. Creo que fué un cambio necesario e importante que abrió muchas posibilidades positivas, pero francamente, los civiles hasta hoy no han pasado con éxito el examen. Esto no implica que la oportunidad no puede recuperarse y que varias reformas y reorganizaciones no pueden emprenderse. Debemos ser conscientes que varias reformas rudimentarias y obvias todavía no se han implementado. No se han intentado por las políticas vacilantes de los últimos años y por el deterioro en las relaciones cívico-militares que ha resultado. Yo veo mucho que es posíble y necesario hacer, que debe ser completado, que puede resultar en apoyo de los Estados Unidos, no espectacular y no anunciado en voz alta, pero más bien con discresión e inteligencia.

Otras políticas en otros campos: He oído preguntar si posiblemente la presión exterior, que generalmente significa presión estadounidense, puede ser aplicada para implementar cambios radicales en el país. Por ejemplo, ¿qué de la reforma agraria? A esa clase de sugerencias me refiero. Especulación legítima tal vez, pero a mi modo de pensar, ingenua. Francamente, no veo que exista una lista obvia de tales iniciativas en política interna que produciría un mejoramiento rápido en la situación. Sería bueno, pero no creo que sea el caso. Como he dicho, una lectura de las demandas de las guerrillas no estimula en nada; francamente, aburre. Entre las demandas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), por ejemplo, se encuentran cosas tan raras como una legislatura unicameral y un procurador electo. Yo no creo que a los colombianos les importa si la legislatura tiene uno o dos cámaras o cinco; tampoco creo que alguien ha salido a luchar para que los procuradores sean electos.

Uno contempla estas demandas con cierta curiosidad, pero como he dicho antes, uno concluye que la lucha no está basada en ellas. La lucha es por el poder, y por la historia – el liderazgo guerrillero colombiano está muy consciente de su historia, como se demuestra en muchas publicaciones. Cuarenta años es un tiempo largo y ese tiempo es en sí parte del capital de las guerrillas; supervivencia, organización exitosa – todos representan un esfuerzo que debe eventualmente recibir algun tipo de recompensa, reconocimiento, contestación. Y tiene que ser algo de importancia, más de lo que se les ha ofrecido a los guerrilleros retirados anteriormente. Que precisamente es este algo de importancia tiene que surgir del proceso político colombiano. Yo no creo que los extranjeros tienen mucho que contribuir a esta definición.

Esto me trae a mi punto final, el interrogante en cuanto a la democracia – el cuarto punto en la lista del Departamento de Estado de cosas relacionadas a Colombia que empiezan con la letra D. Yo veo el aspecto democrático de esta manera: Que una paz vendible tiene que tener como su meta final un país que es más democrático que antes, no menos. Colombia es ya bastante democrática, pero yo soy inglés y quizás los ingléses tenemos una visión de la democracia bastante primitiva y atrasada.

Esto tiene consecuencias prácticas e importantes para la política. Nosotros que hemos estudiado a Colombia escuchamos frecuentemente la opinión colombiana que la causa raíz del conflicto se puede trazar al acuerdo para compartir el poder mediante el Frente Nacional (1.958 – 1.974) entre los partidos Liberal y Conservador, los Republicanos y Demócratas de Colombia, porque el Frente fue un acuerdo hecho entre las élites en contra del resto del pueblo, que el Frente fue privilegiado. Personalmente no estoy de acuerdo con este diagnóstico, por otras razones además del hecho que el Frente terminó hace mucho tiempo. Pero el argumento me lleva a preguntarles a los que están involucrados en el proceso de paz, ¿van a salir con éxito en arreglar cosas ahora sólo con otro pacto? Eso no me parece ser tan factible. Un acuerdo entre la elite de un gobierno y de una guerrilla ¿no llegará a ser criticado como anti-democrático al igual que el Frente Nacional, o tal vez más? Esta consideración seguramente tiene que estar presente en todas estas conversaciones.

No es mi propósito criticar al Dr. García-Peña y otros que han hecho esfuerzos arduos en iniciarar conversaciones de paz y cuyos esfuerzos son frecuentemente malinterpretados. Sólo los criticaría por pensar que un secreto pudiera guardarse durante dos meses. Es imposible guardar un secreto en Colombia, incluso durante dos meses.

Regreso a un punto final, tambien sobre la democracia. Algunos comentaristas en Colombia buscan plantear propuestas para la consideración general sobre lo que debe ser el futuro del país una vez que se logre la paz y cuales deben ser las políticas de este porvenir. Yo pienso que muchas de estas políticas no deben esperar que se logre un acuerdo de paz y que existe un efecto negativo y paralizante sobre el gobierno en fijar demasiado la mente sobre acuerdos que quedan en un futuro indefinido y que seran difíciles de alcanzar. Medidas esenciales se postergan inconscientemente hasta que se logren los acuerdos. En muchas áreas de la política tal aplazamiento no es ni necesario ni deseable, ni tampoco democrático.

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