¿Crisis? ¿Cual Crisis?
Temas de Seguridad en
Colombia
Sessión grupo de trabajo
Moderadores: James L. Zackrison y Dan Darrach
A lo largo de este seminario hemos escuchado análisis sobre muchos aspectos de los problemas que afligen a Colombia y hemos llegado al momento de hablar de soluciones. Tenemos disponibles una gama amplia de opciones, desde no hacer nada, el comentario del presidente Samper que Colombia no necesita asistencia de nadie y el comentario de mi amigo el General Bonett Locarno que aceptaría hasta las bombas atómicas de los Estados Unidos.
Hay varios puntos de análisis que quisiera mencionar en resumen antes de iniciar la discusión sobre las opciones disponibles al Departamento de Defensa estadounidense y al Ministerio de Defensa colombiano. Estos puntos incluyen los siguientes, presentados sin ningún orden particular y sin juicio de valor:
Una presentación anterior proporcionó una larga lista de objetivos de política estadounidense hacia Colombia. Otra presentación resumió estos intereses en términos de las cuatro D (Democracia, Desarrollo, Drogas, y Derechos Humanos), que es una buena metodología para analizar el tema. El requisito más importante, tal vez porque es una preocupación nacional, es la necesidad de una política abarcante en cuanto a las drogas ilegales. Esto es sólo una idea de cómo entender como piensa el gobierno estadounidense.
También algunas presentaciones han dejado la impresión que cuando se habla de la política gubernamental estadounidense que el gobierno es un monolito. En realidad, no lo es. Está muy lejos de ser monolítico. Vímos la evidencia de esto de primera mano durante una de las sesiones de discusión. Hubo un desacuerdo agudo entre los representantes de la Oficina de Política Nacional para el Control de Drogas (ONDCP), el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa, y el Congreso sobre algún detalle de la política. Al tratar de Colombia, es importante acordarnos que hay una larga lista de agencias y temas que deben alcanzar consenso general o por lo menos la aprobación antes que la política pueda presentarse al público.
Se habla mucho del proceso interagencial dentro del gobierno para reunir a todas las distintas agencias. Por ejemplo el ONDCP se enfoca a temas de drogas ilícitas; el Departamento de Estado trabaja con iniciativas diplomáticas, los derechos humanos, drogas ilícitas, asistencia militar, y gobierno; el Departamento de Defensa trata principalmente de temas de seguridad e inteligencia, y también con las drogas ilícitas y los derechos humanos; el Departamento del Comercio se enfoca en temas económicos; el Departamento de Justicia trata de las drogas ilícitas, el crimen, y el lavado de dinero; el Congreso revisa todos estos temas y se enfoca en la financiación y aplicación de programas internacionales, como por ejemplo, la certificación. Hay innumerables agencias adicionales con componentes internacionales e intereses en Colombia. Existe la impresión que se puede llegar al consenso sobre una política específica, pero esta impresión es errónea.
También hay que tomar en cuenta que el Congreso puede reaccionar a cualquier tema, al igual que las organizaciones no gubernamentales, especialmente en casos complicados como el de Colombia, y entonces todos tienen que comenzar de nuevo a buscar consenso político bajo nuevas condiciones o límites. En muchas situaciones (especialmente en asuntos de los derechos humanos), analistas en el gobierno deben pensar en una política o recomendación específica, y como se la pueden "vender" a las distintas agencias, los distintos grupos o los estados afectados. En muchos casos es imposible saber anteriormente la reacción del Consejo de Seguridad Nacional (NSC), o de la Casa Blanca, u otros grupos interesados ante la propuesta. Por esto es simplemente imposible hablar con una sola voz en el gobierno estadounidense, a pesar de todos los intentos de coordinar la política sobre Colombia.
A pesar de esto, sin embargo, es importante que esta sesión se lleve a cabo dentro de los límites de la misión del Instituto de Estudios Estratégicos Nacionales, que es de proporcionar estudios para el Jefe del Estado Mayor Conjunto y también para el Secretario de Defensa. Así, pues, lo que buscamos en esta sesión del seminario son sus opiniones y sugerencias sobre lo que puede hacerse desde el Departamento de Defensa dentro del ámbito del proceso interagencial para asistir a Colombia en resolver los problemas de la inestabilidad presentado en tanto detalle durante estos dos últimos días. ¿Qué política debe el Departamento de Estado desarrollar sobre estos temas, particularmente en los temas de política de seguridad y la lucha contra las drogas ilícitas? También, ¿qué puede hacer el Departamento de Defensa en términos de apoyo militar a Colombia?
Con ese comentario de introducción, la sesión queda abierta para discusión.
COMENTARIO: Entre las conclusiones preliminares presentadas, hay uno que falta, y es el tema de una victoria militar. Es bastante posible que militarmente, esto no sea una situación donde una victoria militar es factible. Y yo creo que muchas de las conclusiones que se pueden aprender de los temas de seguridad o para la lucha anti-drogas o en llegar a cualquier acuerdo con las partes en conflicto, es que la seguridad es una pieza muy importante del rompecabezas. No creo que ha habido acuerdo en este seminario sobre la idea que una victoria militar en Colombia sea posible o no. ¿Se requiere acaso que un lado del conflicto alcance la superioridad militar para forzar al otro a la mesa de negociaciones? Creo que ha habido desacuerdo sobre este tema, y también sobre el tema de que puede ser una idea útil para extender el conflicto más en la búsqueda de tal superioridad militar.
COMENTARIO: Quisiera continuar con este concepto, porque el punto clave es que una metodología para comprender el dilema de la seguridad, basada en las discusiones que hemos escuchado en este seminario, es el enfoque sobre el proceso de paz como punto de partida para el diálogo. Sería bueno para propósitos de la discusión en esta sesión analizar la validez de algunas de las proposiciones del seminario. Por ejemplo, ¿se requiere una victoria militar para una solución a los problemas que afligen a Colombia? ¿Es posible alcanzar consenso entre los distintos actores? Enfocando en la idea de un proceso de paz como metodología general, quisiera enfatizar siete puntos, que proporciono sin ningún orden particular:
COMENTARIO: Me parece que la discusión en este seminario presupone que las FARC están dispuestas a negociar. Pero tengo la impresión que las FARC estan en posición de fuerza y no tienen necesidad de negociar; están cómodas con su situación. Otros movimientos insurgentes han negociado con el gobierno con éxito en el corto plazo, aunque su situación a largo plazo no resultó favorable. Yo no veo a las FARC en tal posición, en términos de poder negociar con éxito, en vez de continuar la lucha en el campo de batalla. Dada esta situación, ¿como puede Colombia comprobar la agenda de los insurgentes?
COMENTARIO: Hay poca evidencia que las FARC deseen negociar. Pero la Cruz Roja Internacional tiene buen acceso al personal de bajo rango en sus filas, en unas 70 frentes y con unas tres o cuatro frentes en el ELN, para mantener las operaciones humanitarias. No hay contacto a nivel del secretariado, porque éste se encuentra en modo autístico y no quiere salir a hablar con organizaciones internacionales. Parece que al nivel bajo donde hay contacto, los insurgentes dan la impresión de voluntad para negociar. Pero los ejemplos de El Salvador, Mozambique, Angola y Guatemala no son aplicables, porque no hay una voluntad de entregar armas a cambio de terreno o dinero para poder luego desaparecer mezclados en la sociedad. Parece que los insurgentes colombianos están a favor de un proceso de negociación larga o de un diálogo prolongado, para ganar una plataforma de legitimidad política y para empujar una agenda de reforma social en Colombia.
Temas específicos que las guerrillas estarían dispuestas a incluir en la agenda colombiana incluyen cambios sociales como temas democráticas de representación, reforma agraria y la explotación de recursos naturales. Pero las guerrillas esperan que este diálogo dure mucho tiempo, creo que están pensando en un mínimo de una década, y no se debe esperar que entreguen sus armas antes que termine. La clave está en como comenzar las negociaciones, teniendo en mente que tienen una posición de línea dura en su falta de voluntad en salir de Colombia a un lugar neutral. Este tema fortalece su modo de pensar autístico, y los hace menos susceptibles a la presión internacional. Tomará mucha presión sacarlos de las montañas. También, los insurgentes demandan la desmilitarización o despeje de grandes secciones del sur de Colombia que, aunque esto no arriesga, bajo el derecho internacional, abandonar a la soberanía si el despeje se implementa para el propósito de comenzar o concluir una negociación de paz, en realidad no es aceptable para el futuro de Colombia. Quiero repetir algo que se ha dicho muchas veces hoy, que la clave está en que metodología usar para comenzar el diálogo. Tan solo conseguir comenzar a hablar sería un logro impresionante, en un mínimo para abrirle los ojos de los insurgentes al mundo que existe afuera de las montañas, un mundo que incluye a sus propios compatriotas, por no decir paisanos. No hay manera creíble de lograr que los insurgentes cambien su percepción de su propia fuerza militar, aun si el gobierno fortalece a las fuerzas armadas o no.
PREGUNTA: ¿Quien debe iniciar tal negociación? Serían las fuerzas armadas, o el gobierno civil?
RESPUESTA: El gobierno civil debe comenzar, manejar y concluir las negociaciones.
COMENTARIO: Yo tengo dos conceptos simples para presentar. Creo que este seminario ya ha traído a la superficie algo importante, que es el concepto de un plan nacional integrado. Tal plan debe ser parte del proceso de paz. Mi segundo punto es que, aunque se presentó superficialmente durante el seminario, el problema peor que enfrenta Colombia es una de los mencionados agentes de violencia; estoy hablando de la impunidad. El gobierno ha hecho esfuerzos por reformar el sistema de justicia, pero estos esfuerzos sirvieron simplemente para incrementar el número de jueces, hecho que incrementó el costo por un factor de 500 a 800 por ciento. Pero me da pena informar que no obstante esta estadística, solo una convicción ha resultado de este tremendo costo. Estos dos puntos deben ser incluidos en el informe final del seminario, porque son críticos para entender el problema de la violencia e inestabilidad en Colombia.
COMENTARIO: Mi primer comentario es que la solución al conflicto no es totalmente responsabilidad del estado. La sociedad debe proporcionar el apoyo para cualquier solución propuesta. Pero creo que hay algunos cambios estructurales requeridos del gobierno, como parte de la solución. Mi segundo punto es que la estructura de los sectores de seguridad y defensa tienen que ser fortalecidos. No quiero apuntar dedos o discutir detalles específicos, pero la realidad es que Colombia ha pasado por un período invernal en temas de seguridad. Hay órganos e instituciones de seguridad que están obligados por la constitución a proporcionar los principales y secundarios documentos relacionados a la seguridad nacional. Tienen que funcionar, para entablar las tácticas militares en existencia a los niveles bajos con la estrategia nacional.
Mi tercer punto es que Colombia necesita ajustar su legislación para apoyar el esfuerzo de guerra. La legislación y la base legal existente se elaboraron para apoyar a una sociedad en tiempo de paz y hay que adaptarla a la realidad del esfuerzo de guerra. Si las guerrillas no tienen una estrategia de negociación, las fuerzas armadas deben tener en vigencia una visión basada en la estrategia de contenimiento mediante acciones ofensivas, para lograr dos objetivos: debilitarlos o someterlos. Para hacer esto, la estructura de fuerza militar necesita fortalecerse dramáticamente.
El gobierno colombiano necesita priorizar su esfuerzo de guerra. Primero, hay que haber un proceso de escalación en posición. Yo no tengo las soluciones requeridas, y no estoy seguro que exista una simple solución para el conflicto colombiano, aunque este seminario ha reunido suficiente talento para poder proponer soluciones exitosas. Pero estoy dispuesto a detallar una serie de ideas que se pueden usar para humanizar el conflicto. Con esto quiero decir que se requiere un mayor énfasis al respeto de los derechos humanos y a las convenciones de como proseguir la guerra. Esto puede ser un primer paso en la reducción del nivel del conflicto, suspendiendo el uso de actos de terrorismo que afectan no solo la estructura económica, pero también hacen daño irreversible a la ecología, el medio ambiente y la biodiversidad colombiana.
Un segundo paso sería repudiar el uso del negocio ilegal de las drogas como fuente de financiamiento, presentando una fuerte declaración repudiando también el uso de tales drogas. Tercero, sugiero fortalecer la cultura de los derechos humanos, desarrollando una cultura de paz. Mi cuarto punto es que hay que evaluar el rol de la Policía Nacional en proyectos anti-drogas, en oposición al incremento en el uso de las fuerzas armadas. No debemos olvidar que el negocio de las drogas ilegales es una cadena compuesta por muchos eslabones, y no todos estos se encuentran en Colombia. Muchos se encuentran en los Estados Unidos, en Europa, y en otros países, lo que significa que la solución al problema de las drogas ilegales es integrada y multilateral. La misión antidrogas debe ser realizada al nivel más bajo posible de la seguridad del ciudadano individual en Colombia. Esta mañana escuchamos la estadística que de los 30.000 asesinatos anuales, menos del 10 por ciento resultan del conflicto entre los grupos de justicia privada y las guerrillas. Esto significa que hay una total ausencia de coexistencia pacífica en Colombia. Debe haber un gran esfuerzo para mejorar el clima de paz y coexistencia entre la ciudadanía en el país.
Hay varias ideas que pueden ser usadas para analizar el problema de la pacificación de Colombia. Este análisis tal vez no tenga las respuestas finales, pero puede ser punto de partida para reducir el nivel de violencia.
COMENTARIO: Con todo el respeto posible, quisiera hacer una corta recomendación sobre el tema de la responsabilidad. Hay un círculo vicioso de recriminación en Colombia, pero todos los que señalan con el dedo hacia otros se olvidan que este gesto deja al menos tres dedos apuntando hacia el acusador. Algo debe hacerse para terminar este circulo vicioso, porque pone en peligro a la seguridad pública al polarizar la sociedad y deja la impresión en el exterior de una sociedad incierta, confusa, y violenta.
COMENTARIO: Es importante tener cuidado al discutir el tema de la guerra política, porque esto le ha causado muchos problemas a Colombia al tratar con las guerrillas. La guerra política involucra una acción integrada y completa, compuesta de propaganda, operaciones sicológicas, administración, el manejo de organizaciones no gubernamentales, y otras operaciones llevadas a cabo de una manera premeditada para lograr resultados específicos. Este concepto de acción debe ser apoyado por la diplomacia en el exterior, la vigilancia de los movimientos insurgentes y sus actividades. Su impacto tiene ecos a través de la sociedad civil, así pues debe ser conducida objetivamente, con un entendimiento completo de los problemas que enfrentan los estados. Menciono esto porque la perspectiva desde Washington es dramáticamente diferente de la realidad social en las regiones del Caquetá o el Putumayo. Es imperativo visitar las regiones afectadas para realmente entender el problema.
Mi comentario final es que el estado colombiano necesita apoyo. A veces se escuchan debates sobre la necesidad de asistencia o apoyo, y creo que en muchos casos la asistencia material no es tan importante como el apoyo moral, porque las guerras no siempre se ganan o pierden en el campo de batalla, pero si en la mente del pueblo. El proceso de la modernización material y la reorganización de las fuerzas de seguridad pública es importante y debe continuar para que los líderes puedan definir los roles y las misiones de las fuerzas armadas y las fuerzas de policía hoy y en el futuro. El comandante general ha definido estos roles como los del soldado ciudadano. Esto suena algo utópico, un sueño inalcanzable, pero algún día el soldado colombiano debe convertirse en el defensor de la continuidad institucional, de la consolidación democrática en Colombia. Mediante los mecanismos disponibles en Colombia, es importante fomentar el desarrollo de una estrategia de defensa para luchar hacia la paz.
COMENTARIO: Estoy de acuerdo que es importante modernizar a las fuerzas de seguridad pública. Nadie puede argumentar con esto. Pero, ¿cual sería la metodología para tal modernización? Esto es una pregunta seria, aunque un poco básica. Por ejemplo, esta mañana se dijo que el presupuesto de seguridad nacional debe ser incrementado. Pero, ¿porqué? Como están organizados hoy, las fuerzas armadas tienen un presupuesto bastante alto. El presidente Samper incrementó y luego cortó este presupuesto sin afectar mucho la operacion de las fuerzas militares, lo que indica una falta de capacidad de absorber incrementos presupuestarios y también indica una falta de eficiencia en la expansión del presupuesto vigente. Deben haber recomendaciones específicas para la reforma militar, no solo sugerencias abstractas como la de "una reforma de la estructura militar." ¿Requiere el alto mando equipo moderno para mejor llevar a cabo una estrategia para combate contra las guerrillas? O tal vez, ¿involucra esta reforma algún concepto más abstracto como una cultura de paz? ¿Qué significa eso? Hemos también escuchado comentarios sobre el desarrollo de legislación para estar en pie de guerra. ¿Qué es específicamente eso? Yo conozco un poco este tipo de jerga, y esa frase generalmente significa darle a las fuerzas armadas funciones como las que se le otorgan a la policía judicial, dándoles la autoridad de arresto. Pero hay tantas contradicciones y diferentes puntos de vista que es casi imposible apreciar la magnitud del problema. Hasta hoy en mis estudios de las Fuerzas Armadas de Colombia, no he descubierto una metodología lógica para desarrollar planes a largo plazo o estrategias. ¿Cuál es la estrategia para cambiar políticas? ¿Es necesario incrementar el presupuesto de defensa para cambiar la estrategia y la política?
Las fuerzas armadas no pueden ganar la guerra con la organización que tienen hoy en día. Es necesario prever la estructura requerida para ganar la guerra, antes de desarrollar la cultura de paz. Se requiere también una reorganización, porque la estructura de fuerza actual no es eficiente para mantener operaciones de guerra. Los líderes militares deben demostrar que pueden usar su presupuesto eficientemente, antes de pedir más fondos.
COMENTARIO: Estoy siguiendo ordenes y ofreciendo consejos a dos países, de ninguno de los cuales soy ciudadano, aunque no estoy seguro a cual de los dos es más darle consejos. Así pues comienzo ofreciendo consejo a los Estados Unidos. Mi primer consejo es de calmarse un poco y mi segundo consejo es de ser un poco menos absoluto. Al escuchar a algunas presentaciones y algunos comentarios bastante interesantes durante este seminario, creo que algunas personas han sido un poco demasiado absolutas sobre dos temas. Uno es la aparente ausencia total de estrategia y el otro es el tema de la democracia. Colombia ha tenido cuatro años de desorden nebuloso, aunque eso no significa que no ha habido una elaboración, un desarrollo positivo, o daño irrecuperable durante ese tiempo. Ha habido un sentido de capacidad analítico, lo que deja mucho por recuperarse. Así, aunque hay mucho menos estrategia de lo que a uno le gustaría, no hay una total ausencia de dirección civil sobre las fuerzas armadas.
Un presentador esta mañana recomendó que hay que establecer de alguna manera una democracia liberal en Colombia, como si no existiera todavía. Ahora, ciertamente lo que hay es imperfecto; a lo que me refiero es el tema de la responsabilidad, en términos de haber trabajado por mucho tiempo con el gobierno colombiano, y con el cual me he sentido frustrado de vez en cuando. No me parece que la democracia es algo que está completamente ausente tampoco. Así es que creo que estos juicios absolutos no son una cosa buena cuando uno piensa en términos del tipo de política que los Estados Unidos debería de implementar vis-à-vis Colombia, al igual que el tipo de influencia que debería buscar ejercer. El programa de la Agencia Estadounidense de Desarrollo Internacional (USAID), por ejemplo, tenía un programa de justicia y no creo que su efecto en Colombia se evaluara completamente. Así es que creo que las recomendaciones deben basarse en análisis que es un poco menos absoluto y tal vez un poco menos pesimista en juzgar el escenario colombiano.
Mi tercer recomendación es una política de derechos humanos concebida de tal manera que en realidad reduzca el número de abusos, en vez de uno que presenta una fachada mejor que la realidad. Y eso, siento, es un problema de alta prioridad y algo al cual se le ha dado mucho análisis. Uno de los presentadores concluyó que la respuesta al problema de gobernabilidad en Colombia no es un incremento del poder militar, que no es una frase muy precisa para analizar lo que debiera ser en términos de los derechos humanos una política justificable vis-à-vis las Fuerzas Armadas de Colombia. En vez, esto implica un mejoramiento institucional, un fortalecimiento institucional, en vez de un desenredo. No estoy completamente en desacuerdo con la idea que una victoria militar pueda alcanzarse. Pero esto deja mucho sin decir sobre lo que falta por hacerse militarmente, o lo que una política clara debe ser vis-à-vis las fuerzas armadas. Yo no soy un soldado, pero me parece que para un ejército permanecer en un sitio es en realidad un acto complicado y las circunstancias en que se encuentra Colombia son dinámicas. Por ejemplo, ¿débe el ejército colombiano intentar a contener a las guerrillas, o derrotarlas? Bueno, ¿cómo se hace cualquiera de los dos? Esto en sí es un problema complicado porque contenerlos no significa estar parados y solo permanecer en un lugar. La contención en sí es algo que requiere más de una dinámica para hacerse debidamente, más recursos de los que se le han dedicado, y ciertamente más poder intelectual de lo que le han dedicado los civiles en años recientes. Así pues yo creo que esto es un problema militar complicado.
Mi cuarta observación es sobre la internacionalización de la situación y el rol posible de otros países, incluyendo y tal vez particularmente los Estados Unidos. Muy rara vez uno recibe la oportunidad de comentar sobre este tema en forma olímpica ante dos grandes países y así mis consejos para Colombia y los Estados Unidos es que tengan mucho cuidado. He notado recientemente una tendencia marcada de pensar que el mundo al exerior tiende a tomar responsabilidad por estos problemas, que tienen soluciones, y que el incremento en el número de actores internacionales es algo netamente positivo. Puede ser algo completamente confuso y algo similar a Vietnam (aunque debemos mantener nuestro sentido de proporción al hacer esta comparación), los Estados Unidos pueden encontrarse involucrados en un pantano diplomático con complicaciones no previsibles. No estoy dispuesto a regresar a los días de la Alianza Para el Progreso, durante la cual muchas personas llegaron a Colombia desde el estado de Wisconsin, recomendando que Colombia se convirtiera en una versión tropical de Wisconsin. Esto no es un procedimiento sabio y es uno que creo eventualmente será más conflictivo, porque levantará la expectativa local que de alguna manera el resto del mundo esta listo para proporcionar los recursos y el personal en tierra para resolver el conflicto. Y no creo que es muy probable que los Estados Unidos consigne tropas, por ejemplo, en Colombia. Pero muchos colombianos piensan, algunos con preocupación y algunos con alegría, que esto puede ocurrir.
Uno de los presentadores dijo que este es un conflicto sobre el control de la tierra. Es cierto que han habido tales conflictos, aunque no muchos. Este conflicto traza su historia a la publicación por las FARC de sus demandas, que yo leí con un interés que rodeaba la aburrición fatal, algo que menciono porque me interesó como llegaron a formular esta lista de demandas. Una gran cantidad de las demandas de las FARC se producen a base de la existencia del conflicto mismo. La demanda dirigida contra las fuerzas armadas para un rediseño de las fuerzas de seguridad, por ejemplo, en la ausencia de conflicto no tendría propósito. La dificultad es que la percepción permanece que algunos puntos en la agenda no son serios y pueden ser alcanzados, que a su vez deja la percepción de una falta de compromiso, de ímpetu para trabajar hacia una solución. No estoy seguro de cuán genuinamente negociable son estas situaciones, porque son todavía conceptos bastante ambiguos y falta convencer al resto de la población, que en fin podría estar desinclinado a aceptar tal agenda.
COMENTARIO: Es importante recordar que las fuerzas armadas colombianas están organizadas principalmente en una posición defensiva. Para ganar esta guerra, esta institución debe desarrollar una estrategia abarcante basada en acciones concretas apoyadas completamente por el gobierno civil. Una estrategia o política abarcante se requiere, que pueda ser desarrollado desde arriba hacia abajo en forma priorizada. Los planes deben transformarse en acción en algún punto, y esto no es una transición fácil. Una diferenciación debe hacerse entre lo que es planeación específicamente táctica y así puede lograrse tácticamente, y lo que es estrategia nacional o internacional. Tal vez, creo, la más difícil de estas propuestas para poner en acción es obtener el apoyo y compromiso político del gobierno civil y del pueblo colombiano. En mi punto de vista, la más importante contribución posible es la respuesta al interrogante de como las fuerzas armadas pueden lograr tal compromiso, para poder desarrollar estrategias y tácticas para ganar la guerra o a lo menos contener a las guerrillas hasta un tiempo cuando el proceso de negociación produzca resultados.
COMENTARIO: Estoy totalmente de acuerdo con el comentario del presentador del mediodía sobre la existencia de una estrategia de seguridad nacional, o de una estrategia nacional inclusa. Es absurdo que tal estrategia no exista, dado el alto número de agencias distintas, todas trabajando asolas, como en un vacío. Muchos tienen un impacto sobre los esfuerzos de pacificar o reducir la violencia, pero ninguno trabaja en forma coordinada, porque no hay un plan de coordinación nacional. Es ridículo considerar una reforma o un proceso de modernización militar sin primero definir el propósito del esfuerzo. ¿Es de concluír la guerra anti-guerrilla con éxito? ¿Es de contener la insurgencia, u otra cosa? Sin tal política, es imposible decidir si el presupuesto es excesivo o muy bajo, y mucho menos asignar recursos para combatir efectivamente estos factores generadores de violencia.
COMENTARIO: Quiero añadir a mi comentario anterior sobre la voluntad de las FARC para negociar. No quise decir que las FARC no quieren negociar, solo que no ven la necesidad de negociar. De todo lo que yo he escuchado, visto y leído, parece que las FARC están bastante contentas con la situación actual: controlan su propio territorio, ganan bastante dinero, tienen la iniciativa. Puede haber un deseo para terminar todo esto mediante un proceso de paz negociado, pero no veo que les anima para a atender a la mesa de negociación con el gobierno colombiano. Para que esto suceda, probablemente primero debe haber un cambio completo en la situación operacional estratégica. Entonces las FARC puede ver su interés en ir a la mesa de negociación para lograr un acuerdo de paz.
COMENTARIO: Uno de los problemas con este tipo de conversación es el volumen de especulación y extrapolación basada en los documentos escritos de lo que el movimiento guerrillero quiere o piensa o tiene como sus objetivos. Uno de las lecciones aprendidas claramente en el proceso de negociación en El Salvador y uno aplicable directamente al proceso de negociación en Guatemala, es que las vías de comunicación supuestamente en existencia entre los insurgentes Farabundo Marti para la Liberación Nacional (FMLN) mediante intermediarios no fueron tan abiertos y fluidos como se había creído anteriormente. Esto produjo mucho malentendimiento y malinterpretación. Creo que la lección se corrigió temprano en el proceso guatemalteco, al establecer contacto directo con la Unidad Nacional Revolucionario de Guatemala (UNRG), no en el sentido de legitimizarla o proporcionarle un sentido de estado, pero simplemente para facilitar el proceso de negociación. Resultó de valor hacer un contacto directo para incrementar el flujo de información. He planteado este tema antes en referencia a las guerrillas colombianas, y entiendo que hay profundas pasiones sobre el número de ciudadanos estadounidenses secuestrados por las FARC, al igual que un número de personas que han desaparecido. Mi pregunta, y esto solo es una pregunta, es si esta situación debe jugar un rol determinante en la posición estadounidense vis-à-vis las fuerzas guerrilleras, incluyendo el período que precede a la negociación, o en la eventualidad que comience un diálogo actual.
PREGUNTA: Bajo la ley estadounidense, se ha nombrado a las FARC y el ELN como organizaciones terroristas. ¿Puede el gobierno estadounidense, o el Departamento de Estado dialogar con ellos?
RESPUESTA: El Departamento de Estado puede dialogar con ellos. No puede hacer algo más, como por ejemplo aconsejar a alguien en como tratar con ellos, o darles una visa para entrar a los Estados Unidos. Pero si se puede hablar. Esto no es una política específica a Colombia; esto es una política normal hacia grupos terroristas involucrados en lo que se entiende ser amenazas sistemáticas contra ciudadanos estadounidenses en el exterior. Yo sé que estamos hablando hoy solo sobre Colombia, pero esto es una política general que el gobierno estadounidense solo hablaría con ellos sobre el hecho de los ciudadanos secuestrados o asesinados o que hayan desaparecido.
COMENTARIO: El problema con esta política es el potencial de arrinconarse, porque en las últimas semanas las FARC han declarado explícitamente que no tienen información sobre los misioneros secuestrados, quienes son el tema del cual estamos hablando aquí. Esto puede o no ser la verdad. ¿Cómo se sabe si es o no la verdad? ¿Qué es la evidencia? Si es la verdad, ¿puede la falta de liberar a los rehenes o de entregar sus cadáveres prevenir al gobierno colombiano de comenzar algún tipo de diálogo?
COMENTARIO: Al ser testigo a las discusiones de política estadounidense, siempre tengo en mente dos dichos pertinentes que quisiera compartir con el seminario. Uno es bastante sabio, que vi escrito en la oficina de un colega en Quantico, Virginia, que proclama que el éxito de un baile ceremonial pidiendo lluvia depende en gran parte de la temporada en la cual uno está bailando. Hay un sentido en este país que mucho de lo que hacemos es una ceremonia pidiendo lluvia. Nuestra habilidad de influenciar eventos es fundamentalmente bastante limitada. Está bastante claro que mucho depende de las acciones colombianas y que mientras los Estados Unidos pueden alentar o desalentar, la responsabilidad última para resolver la inestabilidad colombiana se encuentra en Bogotá. Esto es lo primero que se me ocurre. Lo segundo es el juramento hipocrático, "sobre todo, no hacer daño." Los Estados Unidos tienen una gran capacidad en su lucha de frecuentemente hacer algo mal o mandar un mensaje erróneo. Debiera de haber aprendido hace mucho tiempo el equilibrio delicado entre proporcionar apoyo y aliento y fomentar dependencia. Esto es una línea que los Estados Unidos deben cuidarse al cruzar, en parte por las variaciones de la política nacional que cambia de momento a momento, de crisis a crisis. Hay tiempos durante los cuales, habiendo abierto un nuevo oleoducto, habiendo asegurado al pueblo de asistencia, ha habido más impacto negativo que si nunca hubiera acción estadounidense. Y así regresamos al tema de hacer ningún daño.
Pero los Estados Unidos necesita hacer algo hacia Colombia en términos de muy largo plazo. Este es un problema con raíces históricas profundas, y es uno que no tiene una solución única o rápida, como se ha demostrado ampliamente en este seminario. Hay algo más que se puede aprender del ejemplo del proceso de paz en Guatemala, que tomó años de discusión sobre tema tras tema tras tema con una gran frustración que bien puede haber sido la única forma de concluir el enfrentamiento. Así encuentro dos lecciones que se pueden aprender: primero, dialogar mucho más a fondo dentro de la comunidad de política estadounidense para definir en detalle los intereses nacionales. Este seminario, al reunir una gran parte de tal grupo, ha sido un gran comienzo para definir los términos de los intereses estratégicos estadounidenses. La segunda lección es que la comunidad política estadounidense debe evitar lo que yo llamo "mirar al pajarito" enredarse completamente en argumentos sobre que tipo de helicóptero proporcionar como asistencia a las Fuerzas Armadas de Colombia. Esto no va a resolver la situación en Colombia, porque no se vincula directamente al tema primario o fundamental. El argumento sobre que tipo de material bélico proporcionar antes de definir la misión no resolverá el conflicto. Creo que los Estados Unidos necesita primero aclarar cuál es su objetivo fundamental; luego debe definir claramente que se puede hacer y de igual importancia, que no se puede hacer; luego, definir lo que Colombia débe hacer por si misma antes del todo. Esto me parece es donde se debe comenzar.
En segundo lugar, en términos de objetivos, estoy en desacuerdo con algo que se dijo anteriormente en esta sesión. Creo que si es posible influenciar las auto-percepciones de la guerrilla ante sus opciones. Si es posible influenciar la percepción de ciertos grupos sobre su apoyo popular, de su habilidad de reclutamiento, y su percepción de la voluntad política de su oposición. Esto es el tipo de proyecto que los Estados Unidos puede fomentar en Colombia, entrenando a los entrenadores colombianos para ciertas misiones, sin exagerar los roles. Esto será un conflicto de largo plazo y requerirá un compromiso serio de parte del gobierno colombiano. Una de las mejores recomendaciones que he visto en este seminario es el énfasis en un sentido de administración de justicia. Colombia debe tener una presencia estatal positiva a nivel local antes de comenzar a hablar de cambiar la percepción de la guerrilla sobre su rol en la gobernación del país. Hay situaciones sin solución netamente militar, que es el caso de Colombia; estos requieren un esfuerzo integrado en el ámbito social.
Tercero, y último, es obvio que los Estados Unidos deben reconocer y aceptar que hay otros países preocupados, como por ejemplo, los países vecinos fronterizos. Estos tienen preocupaciones legítimas y deben ser incluidos en discusiones sobre como definir el problema desde el punto de vista de la comunidad internacional, en vez de hacerlo predominadamente una solución unilateral estadounidense. Ignorarlos tiene el potencial, como lo he dicho anteriormente, de causar más daño que bien.
COMENTARIO: La política desde Washington siempre ha sido una de combatir a las drogas ilícitas, ignorando su impacto sobre la estabilidad interna en Colombia. Pero también han habido mensajes contradictorios. En un mínimo, existe la impresión de falta de consenso, basada en la coincidencia de una conferencia sobre la estabilidad en Colombia con la posibilidad de discutir la intervención, patrocinada por el Departamento de Defensa, y otro seminario en Cartagena, patrocinada por el Departamento de Estado, discutiendo el proceso de paz. Resulta que yo recibí invitación a unirme con los halcones en Washington o las palomas en Cartagena. En un mínimo, recomiendo que una de las conclusiones de este seminario, de los halcones, debe ser la búsqueda de consenso en Washington sobre una política estadounidense hacia Colombia. En la ausencia de tal consenso, es imposible no especular sobre las intenciones estadounidenses, algo que casi siempre tiene resultado negativo. Colombia continuará siendo el centro de un proyecto de reforma muy aislada de la región, resultado de su situación peculiar.
Mi segunda recomendación para este seminario es de aceptar las decisiones políticas del gobierno en Bogotá, de buscar una relación pragmática para reducir la apariencia de un estilo de diplomacia confrontacional. Esta confrontación hace mucho más difícil una solución a la inestabilidad doméstica en Colombia.
Se nos ha presentado también el análisis que el proceso de negociación debe considerarse con un calendario de diez años o mas. Yo no creo que Colombia dure una década más en la condición en que se encuentra hoy. Debe haber un incremento en la capacidad militar, un fortalecimiento de la fuerza militar, para parar el crecimiento de los insurgentes. Se requiere una reforma completa de las fuerzas armadas, si es posible ligado a un incremento del presupuesto operativo, pero también ligado a resultados específicos de las operaciones de la institución castrense. Las fuerzas armadas deben mejorar substancialmente su comportamiento en el ámbito de los derechos humanos, y debe separarse claramente de los grupos paramilitares y sancionar a todos sus integrantes que jueguen con el fuego paramilitar, para así decirlo, que estén involucrados con estos grupos paramilitares. Repito, debe incrementarse el presupuesto operacional de las fuerzas armadas, pero ligado a resultados específicos.
Un punto importante para considerar es el rol de las relaciones con los países vecinos. Colombia debe coexistir con sus vecinos, buscando su asistencia para resolver el problema interno. Estoy hablando de un Grupo de Amigos ofreciendo sus buenos oficios, como lo fue en los casos presentados ayer de El Salvador y Guatemala y sus experiencias en el proceso de paz.
Finalmente, creo que no existe en Colombia una política de desarrollo a largo plazo. Esto es evidente en la falta de justicia. Tal política se requiere para que puedan trabajar juntos todos los instrumentos del poder nacional; la Procuraduría, el Fiscal, la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas, todos. Debe haber una política de justicia, antes que se pueda tratar efectivamente de la violencia y el conflicto armado, que es el tema de este seminario.
COMENTARIO: Tengo una corta observación sobre las opciones políticas. Creo que una de las cosas que los Estados Unidos deben hacer es de reservar sus opciones antes de usarlas. Dos incidentes han ocurrido en los cuales el gobierno estadounidense ha perdido la opción de actuar en un grado mayor de lo requerido: la ley Helms Burton y la política hacia Guatemala después de la intervención de Jennifer Harbury. Al considerar qué opción tomar, el gobierno debe estar preparado para reaccionar rápidamente y efectivamente ante este tipo de influencia, que puede tornarse en una influencia poderosa sobre la política exterior, reduciendo las opciones disponibles.
COMENTARIO: Cualquier plan nacional integrado para resolver un conflicto debe incluir un proceso de paz. Pero aún más básico e importante en la situación de Colombia es que el gobierno debe enfrentar el tema de la impunidad. No estoy hablando de la impunidad de los militares solamente: me refiero a que hay demasiada impunidad en demasiados grupos e individuos en Colombia. Parte de la razón de la inestabilidad de hoy es que solamente un caso en seis llega a juicio, que es una situación horrorosa. Esto demuestra una total falta de consenso sobre lo que es Colombia, sobre lo que el gobierno colombiano debe hacer. Nadie puede depender de nadie en Colombia para nada.
Con esta situación en mente, quisiera presentar cuatro puntos. Primero, la solución a la crisis no debe necesariamente ser una solución militar. Un proceso de paz puede ayudar a resolver la inestabilidad mediante un diálogo nacional que resulte en un consenso sobre la gobernación del país. Pero antes de iniciar cualquier proceso de paz, y esto es mi segundo punto, la estructura de seguridad del gobierno necesita ser fortalecida. El gobierno civil necesita elaborar los documentos básicos de la estrategia nacional, sobre las cuales los generales militares pueden entonces basar sus estrategias, sus adquisiciones de material bélico, sus tácticas. Tercero, el gobierno debe implementar legislación apropiada por tiempo de conflicto, no simplemente legislación apropiada para tiempo de paz. Mucha de esta legislación que se implementa, o ignora el conflicto o asume que otra institución se responsabiliza para resolver el problema. Pero la ley no puede operar en un vacío político; debe estar basada en la realidad.
Mi cuarto punto es que el gobierno necesita un plan de acción, que, puesto en marcha, sirva para contener el conflicto y a las guerrillas. Se requiere tal acción antes de cualquier proceso de paz, para limitar la fuerza militar de las guerrillas y así mejorar la posición del gobierno en la mesa de negociaciones. Creo que este plan debe incluir un plan de modernización de las Fuerzas Armadas de Colombia, porque una de las mejores y necesarias metodologías para fortalecer a las fuerzas armadas es de proporcionar el equipamento adecuado para proseguir con la guerra efectivamente. Muchos concuerdan con esto, aunque hay poco consenso sobre lo que significa modernizar a las fuerzas armadas. Hay muchas definiciones, como por ejemplo, incrementar el presupuesto, o reformar la estructura de fuerza. Pero fundamental a cualquier programa de modernización es una reforma para que las fuerzas sean adecuadas y eficientes en proseguir el conflicto, para desarrollar una cultura de paz. Esto no significa reformar simplemente porque se incrementa el presupuesto, o porque se le otorga autoridad de arresto, que es una idea mala de todos modos.
COMENTARIO: Colombia carece de justicia, en términos de seguridad física. Hay un circulo vicioso de recriminación y apuntalando dedo que no asume ninguna responsabilidad y nunca resuelve los problemas. Pero debemos tener cuidado en aplicar el concepto de la guerra política. El General Bonett incluye en su política el concepto del soldado ciudadano, simbolismo requerido para solicitar apoyo de y para la Comisión Nacional de Paz y como tal la idea de una cultura de paz es una cosa buena y necesaria para un proyecto de paz exitoso. Pero esto no significa un compromiso al combate y a la guerra; se requiere la eficiencia militar para convencer a las FARC que no pueden ganar militarmente. Se requiere objetividad, pero esto no se puede proporcionar adecuadamente desde Washington. Se necesita asistencia material, pero el simbolismo del apoyo estadounidense es casi de igual importancia. Una prioridad para el gobierno en Colombia es de parar la degradación de la influencia gubernamental. Esto significa que hay que humanizar el conflicto en mejorar su actuación en el ámbito de los derechos humanos, terminando con actos terroristas (por ambos lados), forzando a las FARC a rehusar el narcotráfico, y fortaleciendo la cultura de los derechos humanos y de la paz.
COMENTARIO: Esta conferencia debe recomendar un estudio del rol de la policía en el negocio de las drogas ilegales. Ese negocio es como una cadena, con muchos eslabones afuera de Colombia, y como tal no puede ser detenido en Colombia. Las políticas anti-drogas deben ser internacionalizadas.
COMENTARIO: Para que Colombia alcance resultados, es necesario delinear todas las opciones. En otras palabras, las amenazas deben responder a soluciones, o nada saldrá del diálogo con las guerrillas. ¿Hay una necesidad de negociar con las guerrillas? La prioridad es de cambiar el equilibrio estratégico a favor del gobierno. Pero, ¿quién escribirá la lista de opciones? ¿Cómo se prioriza la lista? Se necesita otro seminario como este sólo para priorizar la lista de la agenda. Esto resultará en buscar consenso sobre los temas. Colombia necesita organizar un proceso de coordinación inter-agencial, porque hay demasiadas agencias involucradas, con responsabilidades duplicadas.
COMENTARIO: En 1.995 oficiales diplomáticos estadounidenses anunciaron públicamente que las drogas representaban la peor amenaza, el tema más serio, no obstante el impacto de este anuncio sobre las relaciones bilaterales. Hoy el gobierno estadounidense está cambiando su preocupación, en la dirección de declarar la inestabilidad y la gobernación como su interés principal. En este tema, ofrezco los siguientes cinco comentarios. Primero, la política estadounidense no es consistente, lo cual perjudica las opciones disponibles a Colombia. Segundo, diplomáticos estadounidenses deben cooperar con diplomáticos colombianos como colegas, sin prejuicio, sin considerar sus sentimientos personales. Tercero, se nos ha presentado la opinión que las guerrillas han indicado su preferencia para una negociación prolongada, de diez años. Colombia tal como se encuentra no puede ni debe sufrir tanto, lo que indica la necesidad de fortalecer a las fuerzas armadas, no obstante las preocupaciones sobre los derechos humanos. Para que esto funcione con éxito y este es mi cuarto punto, Colombia necesita apoyo de la comunidad internacional, de los grupos formales como las Naciones Unidas, la Organización de Estados Americanos y también de grupos informales, como por ejemplo, los Amigos de Colombia. Y finalmente, punto cinco, no hay un planeamiento de largo plazo de la política sobre justicia. Colombia necesita desarrollar una política unificada de justicia que incorpore todos los aspectos del tema.
COMENTARIO: Parece haber una interrogante entre mis compañeros atendiendo este seminario, una que todavía no se ha contestado, pero sobre la cual puedo iluminar un poco. Primero, hay un buen artículo en Semana115 sobre el proyecto de la Agencia Estadounidense para Desarrollo Internacional (USAID) que creo proporciona un buen análisis sobre los objetivos del gobierno estadounidense. En términos de defender a este seminario de hoy, no creo que es necesario pensar en el gobierno estadounidense en términos de, por falta de otra palabra mejor, un tipo de esquizofrenia diplomática. No es necesario pensar que el Departamento de Defensa esta prosiguiendo una agenda propia o tal vez escondida simplemente porque hay un seminario sobre el proceso de paz en Cartagena mientras a la misma vez nosotros estamos en este seminario en Washington sobre temas de seguridad. En realidad, yo diría que el gobierno estadounidense tiene la capacidad, como se dice en este país, de poder caminar y masticar chicle a la misma vez. Sí puede en realidad demostrar interés en la situación de seguridad y a la vez demostrar interés en un proceso de paz viable y creíble en Colombia. Estos no son mutuamente exclusivos, y esto no es esquizofrenia diplomática. Esquizofrenia diplomática en la política estadounidense hacia Colombia es un buen título, pero no creo que es la realidad. Tampoco veo una diferencia grande entre los esfuerzos de los Departamentos de Defensa y Estado en términos de interés en el proceso de paz e interés en la situación de seguridad. En realidad, sugiero que debemos verlos como eslabones en la misma cadena.
Pero quisiera aclarar que en términos de lo que el Departamento de Estado llama un empeño aumentado, es extremamente claro que las órdenes en todo el gobierno estadounidense dictan medidas y relaciones equilibradas hacia todos los candidatos presidenciales en la campaña electoral en Colombia. Se me ha asegurado en confianza, por un número de colombianos, que Bedoya es el hombre, el candidato mejor para los Estados Unidos. También me han dicho otros que Serpa es nuestro hombre, porque es fuerte y puede negociar con la guerrilla en una manera que no lo puede Pastrana. Y también se me ha dicho que Pastrana es el candidato que mejor merece apoyo de los Estados Unidos. Mi respuesta a todos es que el gobierno estadounidense mantendrá relaciones respetuosas con cualquiera que el pueblo colombiano elija en Agosto.
Los Estados Unidos han sufrido un problema negativo con la presidencia de Samper. El peor deseo es que cualquiera de nosotros tengamos que pasar nuestro tiempo en el servicio civil de nuestros países respectivos con un problema de ese tipo otra vez. Esto no ayuda a la relación bilateral. Hay un plato lleno de temas, inquietudes, problemas, y Colombia tiene suficientes problemas sin que los Estados Unidos le imponga problemas adicionales durante las elecciones.
COMENTARIO: La mejor manera en que los Estados Unidos pueden asistir en términos de objetivos políticos abarcantes es declarando que todavía cree en la democracia colombiana. En términos de una política estadounidense sobre como tratar con las FARC, hay una declaración publicada en el "homepage" Internet del Departamento de Estado, que es el primer pedido público a las FARC para que proporcionen información sobre la ubicación de los misioneros Nuevas Tribus.116 El gobierno estadounidense sabe que las FARC los secuestró: la inteligencia la tenemos, hay evidencia concreta. El Departamento de Estado sabe que las FARC secuestraron a estos hombres en Panamá, y continuará presionando a los líderes de las FARC para responsabilizarse de la seguridad y ubicación de los misioneros. En realidad, las FARC han respondido, creo que tres veces, indicando que están comenzando a sentir un poco la presión diplomática ejercida en su contra. No solo en términos de declaraciones públicas en la prensa, pero también en términos del trabajo del Departamento de Estado con otros gobiernos.
COMENTARIO: Solo voy a reiterar un comentario, pero antes quisiera decir que aprecio mucho la profundidad de la discusión durante esta sesión del seminario. Muchas veces se me pregunta sobre temas fuera de mi especialidad, afuera del tema de la seguridad, y me alentó escuchar durante el diálogo que este no es solamente un tema de seguridad, no es solo un tema táctico. Las soluciones presentadas incluyen elementos socioeconómicos, administración de justicia y también otros factores que afectan todo el tema de la seguridad. Me gustaría mencionar que la contribución del Comando Sur (SOUTHCOM) en asistir a Colombia es bastante limitada, como se mencionó anteriormente, en entrenar a los entrenadores. Las fuerzas armadas estadounidenses pueden contribuir si las fuerzas armadas colombianas piden asistencia en el ámbito de modernización y entrenamiento, lo cual resulta ser un rol pequeño, dada la complejidad de la situación en Colombia.
COMENTARIO: Me parece que a lo largo de la discusión del tema de la inestabilidad, nos hemos concentrado principalmente en las opciones disponibles a Bogotá y Washington, el Ministro de Defensa y el Departamento de Defensa. Pero también me parece que hemos olvidado el actor principal en la región de mayor conflicto: el campesino. ¿Donde está el campesino? El vive en una región donde no hay nada: no hay ciudades, no hay agua corriente, no hay electricidad, no hay nada. En los casos que he estudiado sobre las insurgencias en Africa, El Salvador y otros casos, los insurgentes existen porque les proporcionan algo a los campesinos. Al campesino, la necesidad básica es de existir, de sobrevivir. Si sobrevivir requiere apoyo, el apoyo se acepta de cualquier fuente.
En Honduras, por ejemplo, los guerrilleros durante los 80 le proporcionaron comestibles a los campesinos y recibieron apoyo a su vez. Pero en El Salvador, los insurgentes surgieron de la clase media y estos cometieron un error estratégico craso al destruir la mayor fuente de ingresos de los campesinos, o sea la leña. Como resultado, los campesinos no tenían con que cocinar, ni tampoco leña para vender y así complementar sus ingresos. El resultado final fue que los campesino retractaron su apoyo del FMLN. ¿Y qué pasó? El ejército salvadoreño proporcionó leña para que los campesinos pudieran cocinar y los campesinos perdieron toda fe en el FMLN; el gobierno pudo capitalizar sobre la situación y al fin negoció de una posición de fuerza política, después de poder quitarle el apoyo político a las guerrillas. Si Colombia quiere atacar la base de apoyo de las FARC y el ELN, no debe hacer ninguna cosa que dañe la necesidad básica del campesino de sobrevivir. Colombia necesita identificar métodos de quitarle el apoyo de los campesinos a las guerrillas. Hay que proteger las ciudades, por supuesto, pero también hay que proporcionar programas de acción cívica mejores y en mayor cantidad a las regiones rurales, proporcionando mejor servicio de lo que proporcionan las guerrillas. Las guerrillas ya están establecidas, tienen establecida su base de poder. Y su estructura tiene un enfoque comunista, sea Marxista o Maoísta. Y esto plantea otra situación: ¿puede alguien inventar una estructura mejor para conducir un negocio de drogas ilegales que la estructura Marxista o Maoísta de las guerrillas?
Si las Fuerzas Armadas de Colombia continúan confrontando a las guerrillas en la manera en que lo ha hecho durante la última década, van a perder la guerra. La gente tiene que vivir en estas regiones, por múltiples razones. Al interferir con su labor de sobrevivir, se le ayuda a las guerrillas, alienando simultáneamente a los campesinos.
Esto es mi consejo para Colombia. Pero la principal recomendación para los Estados Unidos y en especial para el Departamento de Defensa, es de mantener la presencia estadounidense a un nivel bajo, para reducir la percepción de intervención en los asuntos domésticos de Colombia.
COMENTARIO: Los Estados Unidos nunca deben sobrestimar lo que pueden hacer. Como se mencionó antes, hay un interés en mantener el perfil estadounidense relativamente bajo. Hay una larga historia en las relaciones hemisféricas que demuestra la tendencia de alternar entre crisis absoluta y en creer que lo que hace el gobierno estadounidense decide todo, en el modo de exhortación. La tendencia es de enfrentarse a un micrófono y decirle a todos lo absolutamente crítico que es cualquier decisión del gobierno sobre cualquier tema. A largo plazo, esto puede ser contraproductivo, porque entre más sucede, más la política se desarrolla no con base en la realidad de lo que funciona, sino a base de do que juega bien en la arena política en Washington. Esto siempre es un desastre para la política cuando hay que aplicarla afuera de Washington. Hay un argumento fuerte a favor de tomar la situación en Colombia en serio, entendiendo que las decisiones que toma el gobierno en Washington, y las que se pueden tomar bilateralmente con el gobierno en Bogotá pueden tener un efecto importante sobre el resultado. Pero hay que evitar el énfasis sobre el impacto de la política estadounidense y sobre todo mantener muy bajo el perfil. Siempre es una buena idea no intentar de incrementar la visibilidad de la política en la agenda pública, porque el perfil elevado simplemente interfiere con el manejo de temas básicos, subyacentes y de largo plazo.
COMENTARIO: Quisiera sugerir que hay que cambiar la terminología en el diálogo dentro del gobierno estadounidense sobre el tema de la asistencia de seguridad, y estoy hablando de palabras específicas con connotaciones específicas que alzan bloques mentales y perjudican el diálogo. Por ejemplo, sé que existe una política que prohibe la asistencia contrainsurgencia a todos en general, y, en el propósito de esta discusión, a Colombia. Reconociendo esto, los Estados Unidos pueden cambiar su enfoque para dialogar no de contrainsurgencia sino de capacidades militares convencionales, simplemente al no referirse a la asistencia a Colombia como una de "contra-drogas" o "contra-insurgencia." Hay que usar otras palabras, como por ejemplo, "asistencia militar," o inventar una alternativa aceptable a la burocracia, como por ejemplo "asistencia de capacidades militares convencionales." La realidad es que el gobierno de Colombia, mediante las fuerzas armadas, necesita ganar control sobre todo su territorio nacional. Una segunda realidad es que los éxitos militares de las FARC demuestran que ya no es una insurgencia tradicional y ha aumentado su capacidad militar convencional. Siguiendo el modelo teorético de la insurgencia, como la de Mariátegui, o Guevara, o de Mao, estos grupos ya están en una transición al tercer nivel, convertiéndose de guerrillas a una fuerza militar convencional.
Para combatir a las FARC y ELN con éxito, las Fuerzas Armadas de Colombia necesitan incrementar sus capacidades, en términos de infantería liviana, movilidad aérea y terrestre (helicópteros de combate y transporte, armamento liviano), elementos de combate fluvial, ingeniería, inteligencia y operaciones psicológicas, policía militar, y unidades de administración. Estas nuevas (o incrementadas) capacidades deben ser usadas en operaciones ofensivas tradicionales, ocupando gradualmente más territorio nacional, para establecer control para facilitar la creación de gobernación civil en éstas nuevas regiones. Hay en esta última fase un rol para fuerzas internacionales de mantenimiento de la paz. El énfasis en contra-insurgencia no es el mejor método de resolver los problemas de seguridad en Colombia y no solamente en base a la oposición en Washington a prestar asistencia para capacidades contra-insurgencia y a la asistencia militar en general.
Por supuesto, como se ha mencionado varias veces durante este seminario, nada de esto funcionará sin una política de seguridad elaborada por el presidente, con fuerza de ley. Sin una declaración clara de las intenciones del gobierno, es imposible esperar que las fuerzas armadas puedan empeñar un plan de guerra coherente. Alguien habló anteriormente sobre la necesidad de mejorar la eficiencia de las fuerzas armadas, que es algo que nadie puede contradecir. Pero, ¿cómo se mide la eficiencia? En realidad, se mide al comparar las acciones con los objetivos y en la ausencia de objetivos, no hay con que comparar las acciones y así pues es imposible medir la eficiencia.
Así pues mi recomendación al Departamento de Defensa estadounidense es de cooperar con el gobierno colombiano, aplicando presión si se requiere, para elaborar una política de seguridad nacional. Después le será posible a las fuerzas armadas colombianas implementar programas para reducir los abusos contra los derechos humanos, elaborar estrategias y tácticas, mejorar la eficiencia, aceptar asistencia estadounidense en una forma coherente que coincida con el marco y la estratégia colombiana. Tal política no necesita ser dirigida directamente a un esfuerzo de guerra. El presidente puede elaborar una política diciendo que Colombia está dedicada al proceso de paz y se esfuerza hacia tal objetivo. Pero entre tanto, las fuerzas armadas tienen el objetivo de contener a las guerrillas dentro de la zona de despeje, por ejemplo, o a otras regiones específicas, o lo que sea. Sin políticas declaradas, Colombia esta destinada a seguir el liderazgo de Tirofijo, que no es una buena idea. Colombia necesita liderazgo fuerte, un líder dispuesto a elaborar un plan de acción para librar a su país de los serios problemas de inestabilidad y anarquía que sufre hoy. Sinceramente tengo la esperanza que las próximas elecciones produzcan tal líder.
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